Poesía

POETA Y ASESINO

POR RODRIGO ARRIAGADA-ZUBIETA

Sólo la mañana acusaba su resaca 

en la Ciudad de Santiago

olores rancios de cerveza provenientes

 

de las calles ennegrecidas

sedientas de apropiarse del mundo

en el fin del mundo.

 

Vi por años esa ceremonia extenuante

melódica y vieja 

tremendista como un obispo 

 

que predica en la carretera—

y la medicina ya no pudo conmigo.

 

Parezco un gusano blanco 

que arrastra la desesperación 

de todo un país exhausto

y viaja por pueblos del Medioevo

respirando breve 

como el suspiro de un guillotinado.

 

No dispongo de la excusa de la juventud

 

o la locura —

Soy insensible a los pájaros del siglo XIII

y a los infiernos de Dante.

 

Tengo la mirada de un poeta asesino

uno de esos que ve con los ojos

ausentes de su cabeza y como tal

cumplo con el deber latinoamericano

de mirar lo que escupo:

un cuarto psiquiátrico, un hospital

o un convento jesuita como un licor fino—

el vómito elegante de abstinencias coloniales.