Telémaco (Playa Postiguet)

In memoriam Roberto Arriagada G.

El mediterráneo, la espuma fresca, el cielo ardiendo
se mece picoteado por las aves del viento
el recuerdo de sus ojos vidriosos en la ladera
de la tempestad, un tenue aroma
a cenizas confundiéndose con la sal
el rodeo de los gavinot argentat y de pronto lo sabes:
el alcohol, el cigarrillo, su ronca respiración
en estertores de desprecio a la existencia
pusieron fin a su inusual delgadez.

De niño lo observabas lleno de luz púrpura,
su cara atormentada,
un sofá como un barco ebrio
donde perder los años en un mismo lugar.

Madre, esta naturaleza nos agrada
pero debo escupir sobre su paz.

A este mar no le importa nada
ni las ofensas, ni mis muertos, ni el vendaval.

Se recoge como un día monótono
y bulle áspero otros cuerpos silenciosos por venir.

Dices, mira el promontorio
para mitigar las palpitaciones en tus ojos, inclínate,
eleva una oración a ese océano que no te pertenece
igual que tus muertos que ya no podrás honrar,
imagínalos ludir los últimos minutos con cuatro zapatos
como ágiles sombras que reanudan la danza,
frotar los dedos de los pies fríamente desnudos;
incluso los ancianos cometen fornicación antes de expirar.

Acostúmbrate a esta soledad
y no emprendas un viaje hacia tu país,
sueña una familia desde ese lado del mundo
un hijo, un funcionario útil a la tierra, un usurero,
una vida que no se parezca a la de él;
una verdad aceptable para los farsantes.

Selección de poemas del autor